Anantara Villa Padierna Palace Benahavís Marbella Resort convierte el descanso en el verdadero lujo del viaje: ocho restaurantes propios, un spa de 2.000 m², una colección de arte y jardines que devuelven la calma, con Marbella y los principales destinos de la Costa del Sol a pocos minutos.
Coincidiendo con el 25.º aniversario de Anantara Hotels & Resorts, la marca celebra la filosofía con la que nació hace un cuarto de siglo en Tailandia: acercar al viajero a la cultura, la gastronomía y el carácter de cada destino, ofreciendo siempre un lugar al que regresar al final del día. Anantara Villa Padierna traslada esa misma forma de entender el viaje a la Costa del Sol, donde el hotel es mucho más que un lugar donde alojarse: es el punto de partida desde el que descubrir el destino.
Un refugio tranquilo entre Marbella y Benahavís
El palacio de estilo toscano que aloja Anantara Villa Padierna ocupa varias hectáreas de jardines entre Marbella y Benahavís, y esa posición explica buena parte de su carácter: ni pegado al bullicio de la costa ni desconectado de ella. Sus 125 habitaciones y suites, entre ellas nueve villas privadas con piscina, se reparten entre jardines salpicados de esculturas y piezas de anticuario, donde cada paseo hasta la habitación forma parte del recorrido. Un hotel concebido para que el tiempo dentro tenga tanto valor como el tiempo fuera.
Ocho restaurantes para descubrir la gastronomía sin salir del resort
En La Veranda, el más icónico de la casa, el chef José Carlos Delgado recupera recetas clásicas con un toque contemporáneo y las cocina frente al comensal, en un jardín presidido por una fuente de piedra. Olà Beirut propone cocina libanesa de producto, con platos como el arnabeet meshwe (coliflor asada con salsa tahini) o el kafta mashwi de cordero y ternera a la brasa. En 99 Sushi Bar, la fusión japonesa se traduce en piezas como la tempura de langostino tigre o el bacalao negro gratinado con miso rojo, y La Loggia cambia de identidad según la hora: cocina malagueña de recetas recuperadas al mediodía, pizza artesana y pasta al dente —su Cacio e Pepe, elaborado en mesa, es de los más pedidos— por la noche. Junto al mar, By The Sea Beach Club sirve espetos y paellas con los pies casi en la arena, mientras Hole 55 ofrece una carta informal de desayunos, ensaladas y tapas andaluzas para el resto del día. Ocho espacios, ocho registros distintos, todos sin salir del resort.
Un spa de 2.000 m² para cambiar el ritmo
Reconocido como Mejor Spa de Hotel en los Condé Nast Johansens Awards, el Anantara Spa ocupa 2.000 metros cuadrados repartidos entre baños de inspiración romana, circuito de aromaterapia y trece salas de tratamiento. Justo al lado, Irene’s Health Kitchen prolonga esa misma pausa en la mesa, con una carta ligera pensada para acompañar el bienestar más que para interrumpirlo. Es uno de los espacios más completos de la Costa del Sol: el lugar donde el ritmo vuelve a bajar antes de terminar la jornada.
Marbella y Puerto Banús, a pocos minutos
Cuando apetece salir, Marbella queda a poco más de un cuarto de hora: el casco antiguo, con la Plaza de los Naranjos como centro, conserva la estructura de pueblo andaluz que la fama posterior nunca terminó de borrar. Puerto Banús, a la misma distancia, cambia de registro por completo, con sus yates y ambiente animado desde media tarde. Entre ambos queda la Milla de Oro, con algunas de las villas más espectaculares del sur de Europa.
Desde aquí, la Costa del Sol se abre en todas direcciones
Benahavís, con su tradición gastronómica, está a un paso, igual que sus rutas de senderismo que recorren el municipio en uno de los paisajes más bellos de la Costa del Sol. La vecina localidad de Estepona ofrece sus murales urbanos y el Orchidarium Costa del Sol, su jardín dedicado a la orquídea; hacia el interior, la Sierra de las Nieves y el Puente Nuevo sobre el Tajo de Ronda proponen un cambio de paisaje completo en poco más de una hora de carretera. Ninguno de estos planes obliga a cambiar de hotel.
El verdadero lujo, sin deshacer la maleta
Veinticinco años después de su nacimiento, Anantara sigue defendiendo la misma idea con la que comenzó su historia: ayudar al viajero a descubrir un destino sin aislarlo de él. La Costa del Sol se recorre distinta cuando no hace falta cambiar de hotel para verla entera. Ese es, en el fondo, el lujo que ofrece Anantara Villa Padierna: no tener que elegir entre quedarse o salir, sino disponer de un lugar fijo desde el que hacer ambas cosas. El hotel no se limita a formar parte del destino: ayuda a entenderlo. Desde aquí, Marbella deja de ser una escapada de un día para convertirse en un territorio que se descubre sin prisas. Ese, probablemente, sea el lujo más difícil de encontrar en la Costa del Sol.


















