Los inicios de Julia López en el golf están en la escuela municipal de golf de Benahavís, que nació hace diecisiete años con unos pocos niños y la convicción de su profesor, Manuel Araújo. Hoy recibe más de doscientas solicitudes para el curso 2026-27, ha llevado a sus alumnas hasta las universidades de Estados Unidos y ha visto cómo una de ellas ganaba la Solheim Cup con el equipo europeo. Las niñas que empiezan ahora ya saben hasta dónde se puede llegar.
Miles de personas en silencio, un lago de cien metros por delante y una jugadora de Benahavís sobre la bola. Es la imagen de la Solheim Cup que Manuel Araújo no se quita de la cabeza. Estaba dentro de las cuerdas, junto a Eva, la madre de Julia López, siguiendo de cerca a la niña a la que enseñó a coger un palo con seis años. «Se palpaba la tensión en cada golpe. Cuando ves a miles de personas calladas y tu alumna está allí, se te ponen los vellos de punta».
Diecisiete años de la escuela municipal de golf de Benahavís
Para entender lo que sintió en la Solheim, hay que retroceder diecisiete años. Benahavís es un pueblo de montaña entre Marbella y Estepona, a diez minutos de la costa y rodeado de campos de golf, un municipio donde este deporte forma parte del paisaje y de la economía.
Manuel, que hoy suma veintiséis años como profesional, le propuso entonces al alcalde, José Antonio Mena, crear una escuela municipal de golf. «Desde el primer día, el apoyo del Ayuntamiento ha sido clave».
Diecisiete años después, la escuela ha recibido más de doscientas solicitudes para el curso 2026-27. Un centenar de niños y niñas forman hoy parte de ella, y Manuel sigue dirigiéndola con el entusiasmo del primer día. Los reparte por edades, desde los más pequeños, de cinco años, hasta los adolescentes, y reserva cada tarde un tiempo para el grupo de competición. Las clases se abren también a los adultos, con unos cincuenta alumnos de todos los niveles.
Si la escuela ha llegado hasta aquí es porque cada uno ha puesto su parte. El Ayuntamiento aporta el campo de prácticas, las bolas gratuitas y las clases cuatro días a la semana para niños de entre cinco y diecisiete años. Manuel pone el método. «Sin el Ayuntamiento sería imposible. Las instalaciones son de las mejores que puede haber en la costa».
Gracias a ese respaldo, los alumnos salen a jugar con la escuela a Villa Padierna Golf Club, uno de los doce campos del municipio. El grupo de competición suele ir allí cada semana, y los adultos juegan sus primeros hoyos un par de veces al año en Tramores, el recorrido más corto del club. «Los campos nos apoyan al cien por cien, pero tenemos la bandera del Ayuntamiento detrás».

Cómo se enseña golf a niños de cinco años: «Que no se den con el palo»
Las clases de los más pequeños son, en palabras de Manuel, las más divertidas de la semana. Llegan contando batallas y con los nervios a flor de piel, así que la clase empieza jugando. Lanzan pelotas de tenis a dianas de velcro, corren, saltan y golpean con unos palos enormes que hacen muy fácil darle a la bola. Solo los últimos veinte minutos los pasan en el tee, porque los niños tan pequeños no aguantan más tiempo.
«Lo primero, a esas edades, es que no se den con el palo. Después, que aprendan el grip, la postura, a colocarse frente a la bola. Y si encima te hacen un swing en condiciones, pues olé». A los padres que se impacientan, les recuerda que «es un deporte difícil. Tienen que darle con un palo a una bola muy pequeña, y eso es complicado».
Con los de ocho años, a los que conoce desde los cinco, la clase arranca con un partido de béisbol, un movimiento que se parece al del golf y que los cansa lo justo para que luego jueguen más relajados.
Los inicios de Julia López en el golf: así la recuerda su primer profesor
Esos juegos tienen una razón. Manuel cree que hay un patrón. El niño con talento para el golf no suele tenerlo solo para el golf, sino para cualquier deporte. Es coordinado, quiere competir en todo y eso se le nota desde muy pequeño. Julia fue un claro ejemplo. «Era la que más corría en su colegio, la que mejor jugaba al fútbol, la que mejor jugaba al pádel. Cogía una moto de cross y se iba por el campo. Tuvimos la suerte de que probó el golf».
La recuerda con seis o siete años, siempre pegada a él mientras daba clase a los demás. Con el tiempo, a medida que subía de categoría, empezó a prestarle sus bolas, sus palos y hasta sus drivers. Había semanas en las que no le tocaba ir al campo de prácticas y aun así iba, porque sabía que, si él no aparecía, los niños no entrenaban. «A Julia le vi algo desde muy pequeñita».
Julia tardó más que él en creérselo. Según Manuel, no se dio cuenta de que era buena de verdad hasta que, con quince años, se marchó al centro de alto rendimiento de Madrid. En todo ese tiempo tuvo una suerte que él considera decisiva y que vale para cualquier niño. Sus padres, José Antonio y Eva, nunca se metieron en su juego y le dejaron vivir el golf como una diversión, hasta que fue ella misma quien decidió que sería su camino. A partir de entonces, lo único que le pidieron fue responsabilidad y esfuerzo para ser la mejor.
La universidad estadounidense se convirtió después en otro camino para la cantera de Benahavís. Manuel tomó la idea de lo que ya hacía en Sotogrande su amigo Juan Antonio Marín con sus alumnos. «Pensé que eso tenía que hacerlo en Benahavís». Julia fue la primera en irse. A ella le siguió María Purroy, también alumna de la escuela, que estudia becada en la Universidad de Utah y está entre las mejores de su equipo. «Me siento muy responsable de todo lo que le pasa, porque yo le metí el gusanillo del golf».
En Mississippi State, Julia llegó a ser la número uno del ranking mundial amateur. Después consiguió la tarjeta del LPGA al primer intento y la capitana europea la eligió para la Solheim Cup, donde debutó frente a Nelly Korda, líder del ranking mundial. Manuel lo recita todo de memoria. «No sé si hay alguien que haya conseguido todo esto de la mano de su primer profesor. Para mí es un orgullo».
Veinticinco vecinos en la Solheim Cup
A los Países Bajos viajaron veinticinco personas de Benahavís, entre aficionados y familiares de Julia, un apoyo que para ella era muy importante. «Eso lo cuentas y no se lo cree nadie». Fueron días que Manuel describe como inolvidables, desde la ceremonia de presentación hasta la entrega del trofeo.
El domingo, Julia ganó su partido individual ante la estadounidense Yealimi Noh por 3 y 2. «Nuestra niña estaba allí jugando con las mejores del mundo, y lo dio todo». Lo cerró en un par 5, con un hierro 6 que salió algo a la derecha. «Se lo pregunté después y me dijo que la había pegado regular, pero que la había dejado en el sitio».
Europa recuperó la copa con un 15 a 13, y Manuel vio cómo Julia y el resto del equipo recibían el trofeo. «Eso se queda grabado en la memoria para toda la vida».
Después de Julia: la nueva cantera de Benahavís
Desde la Solheim, el efecto se nota cada día en Benahavís. El pueblo seguía a Julia desde la universidad a través de las redes sociales, y ahora no pasa una semana sin que algún niño le enseñe a Manuel una gorra firmada por ella. Hay gente de fuera que quiere venir a recibir clases en la escuela, y también ha crecido el interés entre los adultos, muchos de ellos extranjeros residentes que han seguido toda su carrera.
En la escuela siempre ha habido más niñas que niños. «El fútbol hace mucho daño», ríe Manuel. Y la Solheim, una competición femenina, ha calado especialmente entre ellas. Manuela, la hija de Manuel, de trece años, volvió de los Países Bajos con el polo con el que había jugado Charley Hull, regalo de la propia jugadora, y desde entonces entrena más motivada que nunca.
Detrás viene pisando fuerte un grupo de competición, con chavales de nueve a quince años que ya se miden en torneos. Max, con trece años, juega con hándicap 1,9, y en la cantera están también Hugo, Thomas, José Luis y su hermano pequeño, Ángel. «Tenemos muchas ganas de que nos salga otra Julia».
A quien sueña con ser la próxima Julia, Manuel le pide paciencia. El golf es un deporte muy lento, dice, y en ese camino la familia tiene que saber esperar. A partir de los trece o catorce años llegan los sacrificios, porque hay que renunciar a planes con amigos y a fines de semana, y madrugar para ir a los torneos. «Si te diviertes, nada de eso te cuesta. A una niña de ocho años le diría que lo intente, porque si no lo intenta, nunca lo va a saber».
Mientras tanto, cada lunes por la tarde, en el campo de prácticas de Benahavís, vuelve a empezar con un grupo de niños de cinco años, unas pelotas de tenis y la misma regla de siempre, que no se den con el palo.
Preguntas frecuentes sobre los inicios de Julia López y la escuela de Benahavís
¿Dónde empezó a jugar Julia López?
En la escuela municipal de golf de Benahavís, de la mano de su primer profesor, Manuel Araújo, que la recuerda desde muy pequeña pegada a él mientras daba clase a los demás.
¿Quién fundó la escuela municipal de golf de Benahavís?
Nació hace diecisiete años por iniciativa de su profesor, Manuel Araújo, que se lo propuso al alcalde, José Antonio Mena. Araújo sigue dirigiéndola.
¿Puede apuntarse cualquiera?
No. Es una escuela municipal y sus plazas son para empadronados en Benahavís. Para el curso 2026-27 ha recibido más de doscientas solicitudes.
¿Cómo funciona y cuántos alumnos tiene?
El Ayuntamiento aporta el campo de prácticas, las bolas gratuitas y las clases cuatro días a la semana para niños de entre cinco y diecisiete años. Hay alrededor de cien niños y unos cincuenta adultos.
¿Qué alumna de la escuela ha ganado la Solheim Cup?
Julia López, que ganó su partido individual de la Solheim Cup 2026 ante Yealimi Noh por 3 y 2. Europa ganó la copa por 15 a 13.

















