La pregunta habitual sobre los arquitectos de golf en España es quién diseñó los mejores campos. Pero hay otra más interesante: qué se preguntó cada uno de ellos y cómo esa pregunta cambió la forma de jugar.
Este no es un ranking de los arquitectos más importantes ni de los mejores campos de España. Es un recorrido por seis ideas que dieron lugar a seis formas distintas de entender el diseño: el paisaje frente a la transformación, la ambición frente a la prudencia, la belleza frente a la exigencia y, más recientemente, el juego frente a la necesidad de asegurar el futuro del campo.
Javier Arana: el paisaje manda
Mucho antes de que el golf español pensara en el turismo internacional, Javier Arana ya construía campos a partir de lo que encontraba en el terreno.
Su filosofía se resumía en una proporción: el 80 % del recorrido debía proporcionarlo la naturaleza y solo el 20 % restante correspondía al diseñador. Movía la tierra lo imprescindible, evitaba recurrir en exceso a los obstáculos de agua y prefería greenes amplios, frecuentemente orientados en diagonal respecto a la línea de juego, con pocos búnkeres, pero bien colocados.
El resultado puede reconocerse todavía en Río Real, Aloha o Guadalmina Sur. Son campos que no parecen impuestos sobre el paisaje, sino descubiertos dentro de él.
Mientras Arana demostraba que un recorrido podía adaptarse al terreno, el turismo comenzaba a exigir otra escala.
Robert Trent Jones Sr.: el nacimiento del golf turístico
Cuando Robert Trent Jones Sr. llegó a España a comienzos de los años sesenta, el país apenas figuraba en el mapa internacional del golf.
El Club de Golf Sotogrande —actual Real Club de Golf Sotogrande— fue su primer diseño en Europa y abrió sus puertas en 1964. Aquel recorrido cambió la dimensión del golf español y señaló el camino que seguirían muchos de los desarrollos posteriores de la Costa del Sol.
Trent Jones diseñaba campos largos, visualmente reconocibles y preparados para ofrecer diferentes grados de dificultad. Su filosofía suele resumirse en una de sus expresiones más conocidas: hard par, easy bogey. El campo debía exigir al jugador que buscaba el par, pero ofrecer una salida razonable a quien aceptaba jugar con prudencia.
El modelo encajó con el nacimiento del turismo de golf en la Costa del Sol: un litoral con clima suave durante buena parte del año, conectado con los mercados europeos y ya habituado al turismo internacional de alto nivel.
Trent Jones no se limitó a diseñar un campo. Ayudó a demostrar que el golf podía construir un destino.
Cabell B. Robinson: heredar una escuela y reescribirla
Cabell B. Robinson pasó veinte años trabajando junto a Robert Trent Jones y dirigió durante diecisiete la oficina europea de la firma. Participó en los proyectos que esta desarrolló en Europa durante aquel periodo y conoció desde dentro la arquitectura de la gran escuela estadounidense.
Cuando fundó su propio estudio en 1987, no se limitó a repetir lo aprendido. Lo reinterpretó.
Robinson entiende la arquitectura de golf como un arte antes que como una ciencia. Esa visión se reconoce en campos que combinan escala, movimiento y vocación competitiva sin renunciar a la personalidad del terreno.
Finca Cortesín, sede de la Solheim Cup de 2023, y La Reserva Club son dos de sus diseños más reconocidos. En ambos existe una clara exigencia de campeonato, pero también una atención constante a la forma en que cada hoyo se integra en el paisaje.
Robinson aprendió la gramática de la arquitectura estadounidense y la utilizó para escribir frases propias.
Dave Thomas: el recorrido antes que el espectáculo
Dave Thomas contemplaba el diseño desde la experiencia de quien había competido al máximo nivel.
Antes de dedicarse a la arquitectura, el jugador galés fue dos veces subcampeón de The Open, en 1958 y 1966. Esa trayectoria influyó en una manera de diseñar centrada en la estrategia, la lectura del hoyo y las decisiones que el jugador debe tomar desde el tee.
Sus campos pueden ser exigentes, pero la dificultad no depende únicamente de la longitud. La posición de la bola, el ángulo de entrada al green y la elección del golpe tienen tanto peso como la potencia.
The San Roque Club Old Course, inaugurado en 1990, es una de sus obras más reconocidas en España. En Sotogrande diseñó también Almenara, abierto en 1998 y convertido actualmente en The Alto Club. El recorrido fue remodelado en 2021 para mejorar su jugabilidad, pero conserva la base trazada por Thomas.
Su arquitectura demostró que un gran campo no necesita explicarse desde una fotografía aérea. Debe comprenderse, sobre todo, mientras se juega.
Severiano Ballesteros: diseñar como un jugador
Tras la influencia estadounidense y británica, una nueva generación española empezó a trasladar al diseño la experiencia acumulada en la competición.
Severiano Ballesteros fue el primero de los grandes campeones españoles que convirtió su manera de jugar en una forma de proyectar campos. Sus diseños rara vez obligan a seguir una única ruta. Ofrecen alternativas, premian la valentía calculada y castigan con dureza el error cuando el jugador decide asumir el riesgo.
En 1990 inauguró en Cádiz el Real Novo Sancti Petri, su primer campo como diseñador en España. Un año después llegó Los Arqueros, en Benahavís, junto a Marbella, construido sobre una orografía muy diferente y con la intención de aprovechar la caída natural del terreno.
Novo Sancti Petri refleja su relación con el mar y con el juego creativo. Los Arqueros muestra su capacidad para encontrar hoyos con personalidad en un espacio de fuertes desniveles.
Con ambos recorridos, Ballesteros demostró que su imaginación no terminaba después del golpe. También podía trasladarse al terreno.

José María Olazábal: la sostenibilidad como estrategia
José María Olazábal comenzó a diseñar con la misma autoridad que proporciona haber sido uno de los mejores jugadores de su generación. Sin embargo, su trabajo ha tenido que responder a una cuestión que en décadas anteriores no ocupaba el centro del debate: cuánto tiempo podrá mantenerse un campo tal y como fue concebido.
Su estudio defiende una intervención respetuosa con el entorno y una planificación que contemple la sostenibilidad a largo plazo, desde los materiales y el mantenimiento hasta el consumo de agua.
No se trata únicamente de una posición medioambiental. También es una decisión económica y estratégica. Un campo que no pueda asumir sus necesidades de agua, energía o mantenimiento difícilmente conservará su identidad con el paso del tiempo.
Esta filosofía se aplica tanto a los nuevos diseños como a la actualización de recorridos existentes. El Club de Campo Villa de Madrid, por ejemplo, confió a Olazábal Design la renovación de los últimos nueve hoyos del recorrido Amarillo, diseñado originalmente por Seve Ballesteros.
La intervención resume bien el cambio de época: conservar el carácter de un campo ya no significa dejarlo intacto, sino prepararlo para que pueda seguir funcionando sin perder aquello que lo hizo reconocible.
Seis maneras de imaginar el mismo deporte
España nunca desarrolló una única escuela de arquitectura de golf. Probablemente, esa sea una de sus mayores fortalezas.
Mientras otros países construyeron buena parte de su identidad alrededor de una tradición dominante, en España convivieron filosofías muy distintas. Arana dejó hablar al paisaje. Trent Jones aportó escala internacional. Robinson reinterpretó la escuela estadounidense. Thomas diseñó desde la estrategia del jugador. Ballesteros convirtió la imaginación en arquitectura y Olazábal incorporó al diseño la necesidad de pensar a largo plazo.
Por eso, recorrer los campos españoles es también recorrer seis maneras diferentes de imaginar el mismo deporte: cinco respuestas que ayudaron a construir el mapa que conocemos y una sexta que señala cómo deberá evolucionar.

















