
El sol cae lento sobre la línea infinita del Mediterráneo cuando se llega a Fairmont La Hacienda, un resort que se despliega entre dunas suaves, brisa salada y el rumor constante del mar. Todo aquí invita a bajar el ritmo, a entregarse a una forma de vida en la que el lujo no es ostentación, sino calma. Y justo en ese paisaje aparece Dalmar, el espacio gastronómico de Benito Gómez, uno de los chefs más singulares de Andalucía. No es un restaurante más dentro de un hotel: es un viaje que completa la experiencia del viajero que llega atraído por el magnetismo del sur… y que inevitablemente acaba queriendo quedarse.
A Gómez lo han definido de muchas maneras —rebelde, inconformista, visceral—, pero él prefiere hablar de libertad. Libertad para cocinar sin corsés, para huir del dramatismo que a veces acompaña a la alta cocina, y para crear un lugar donde el producto tenga voz propia. Esto es lo que le convenció de embarcarse en la aventura de Dalmar dentro de Fairmont La Hacienda: un proyecto que respira ambición, pero sin perder autenticidad. “Quería cocinar como siento, con verdad”, ha dicho en más de una ocasión. Y esa sinceridad se nota en cada plato.
Dalmar se inspira en el entorno. El mar, tan presente que parece entrar por las ventanas, marca el ritmo de una carta donde brillan pescados impecables, fondos que huelen a costa y guiños sutiles a la tradición andaluza. La cocina se construye desde la materia prima, con técnica precisa, pero sin artificio, en un equilibrio que solo un chef con su experiencia puede lograr. No hay imposiciones: el comensal puede crear su propio menú, pedir a la carta o dejarse llevar. Todo fluye con naturalidad, como la luz que baña el comedor.
El restaurante es el punto de partida de un viaje más amplio. Porque si algo caracteriza a Fairmont La Hacienda es su capacidad para unir territorio, gastronomía y ocio sin fracturas. Pocos lugares en Europa permiten levantarse con vistas al mar, desayunar al ritmo del Levante y, a los pocos minutos, estar sobre el tee del 1 de La Hacienda Links Golf Resort, uno de los campos más singulares del sur de España. El recorrido abraza la costa con una mezcla de amplitud y estrategia que enamora a jugadores de todos los niveles. No es un campo que intimide, sino uno que invita a volver: viento, horizonte y un diseño que premia la creatividad.
Después de 18 hoyos, regresar al hotel tiene algo de ritual. Habitaciones luminosas donde el sonido del mar entra sin pedir permiso, un servicio que cuida cada gesto sin invadir y el nuevo spa de 1.800 m², inaugurado en 2025. Este espacio único en la región por sus vistas panorámicas al mar y a la montaña. Hidroterapia, contrastes, sauna, hammam, baño turco, sala de vapor, tratamientos reparadores, faciales avanzados, yoga, fitness… todo lo necesario para recuperar cuerpo y mente después de una jornada intensa. El gimnasio, amplio y bien equipado, completa la rutina de bienestar de quienes no renuncian a entrenar incluso en vacaciones.
Y por la noche, la promesa de Dalmar vuelve a encenderlo todo: brasas, aromas mediterráneos, platos que respetan la pureza del producto y un ambiente que consigue algo difícil en un resort de lujo: sentirse cercano. Gómez lo define como “un restaurante para disfrutar, sin más”, y quizá ahí reside su magia. No busca deslumbrar con fuegos artificiales, sino emocionar con sabor. Su cocina es la prolongación natural del lugar: sencilla en apariencia, profunda en intención.

Fairmont La Hacienda ha logrado algo que pocos destinos alcanzan: crear una experiencia completa donde cada pieza —el hotel, el entorno, el golf, la gastronomía, el spa— dialoga con las demás. El viajero que llega buscando descanso encuentra inspiración; el amante del golf descubre un recorrido donde el paisaje se convierte en compañero de juego; y quien se sienta en Dalmar comprende que la verdadera esencia del lujo está en lo que te hace sentir.
Un lugar para volver. Y, quizá, para quedarse un poco más de lo previsto.









