El golf en Islantilla no se entiende solo como una vuelta de golf, sino como una experiencia completa. La integración entre el campo y el DoubleTree by Hilton Islantilla Beach Golf Resort responde a una estrategia bien definida: la sinergia entre golf y hotel mejora la logística, eleva la comodidad y aporta coherencia a toda la estancia.
En esta entrevista, Álvaro Madrid, director comercial del resort, explica cómo esa conexión estructurada entre alojamiento, juego y servicios añadidos se traduce en mayor valor para el golfista y en un posicionamiento sólido dentro del turismo de golf.
Para el golfista que busca algo más que un buen campo, ¿qué hace especial la experiencia de jugar y alojarse en el DoubleTree by Hilton Islantilla Beach Golf Resort?
Lo que marca la diferencia es que no hablamos solo de un campo y un hotel, sino de un resort pensado para el golfista. Por un lado, combina la experiencia de juego con los estándares de una marca internacional como DoubleTree by Hilton, por otro, todo está organizado para que la estancia sea cómoda y práctica.
El hotel de cuatro estrellas está a apenas cincuenta metros de la Casa Club. Esto significa que se puede salir de la habitación caminando y estar en el primer tee en pocos minutos, sin traslados ni complicaciones. Además, muchas habitaciones tienen vistas directas al campo, lo que refuerza esa sensación de estar dentro del propio recorrido.
Después de jugar, el foco se pone en la recuperación. La zona Wellness ofrece circuito termal y masajes orientados a la musculatura del golfista. A eso se suma una oferta gastronómica amplia, con cinco restaurantes distintos, que permiten alternar entre propuestas más informales, como La Terrazza en la Casa Club, y opciones más exclusivas como el Beach Club junto al mar. En conjunto, todo facilita que el jugador solo tenga que centrarse en disfrutar.
¿Cómo se integra el campo de golf con el entorno natural de la zona? ¿Son el clima y la cercanía al mar factores determinantes para la experiencia del cliente?
El diseño del campo respeta la orografía original y se adapta al paisaje en lugar de imponerle cambios. De este modo, el recorrido discurre entre pinares costeros, suaves lomas y vegetación autóctona, creando una sensación de continuidad con el entorno.
Los lagos y obstáculos de agua cumplen una doble función. Por un lado, añaden estrategia y exigen precisión, por otro, enriquecen visualmente cada hoyo. Además, el clima de la Costa de la Luz permite jugar prácticamente todo el año gracias a sus temperaturas suaves durante todo el año y al alto número de horas de sol. La cercanía al océano Atlántico también influye: en varios tramos, especialmente en el recorrido Amarillo, las vistas abiertas al mar aportan un valor añadido difícil de encontrar en otros destinos.
La provincia de Huelva es aún una gran desconocida para muchos golfistas. ¿Qué atractivos destacaría para convencerles de alargar su estancia?
Precisamente por ser menos conocida, Huelva sorprende. En el plano gastronómico, ofrece productos de primer nivel, como la gamba blanca de Isla Cristina, los pescados de lonja, el jamón ibérico de bellota de la Sierra de Aracena y vinos con personalidad propia. Esta combinación convierte cualquier comida en parte de la experiencia del viaje.
En cuanto al paisaje, la zona destaca por sus amplias playas de arena fina, como la Playa de Islantilla, que cuenta con reconocimientos como la Bandera Azul y la Q de Calidad Turística. Además, existen espacios naturales protegidos como las Marismas del Río Piedras y la Flecha del Rompido, ideales para completar la estancia con actividades al aire libre. Incluso se puede añadir un toque diferente con la tirolina urbana del Parque El Camaleón. En definitiva, hay motivos de sobra para quedarse algún día más.
Si tuviera que recomendar un fin de semana perfecto en Islantilla a un aficionado al golf, ¿cómo sería ese plan ideal dentro y fuera del campo?
El viernes comenzaría con una llegada tranquila al hotel y una cena relajada en el restaurante Nuba, apostando por producto local. Así se entra en el fin de semana sin prisas.
El sábado arrancaría con desayuno en el Faro Buffet y a continuación, una vuelta de dieciocho hoyos combinando el recorrido Azul, más exigente técnicamente, con el recorrido Amarillo, que añade variedad y vistas al Atlántico. Después del juego, lo razonable es comer algo en La Terrazza y dedicar la tarde a la recuperación en la zona Wellness. Para cerrar el día, una cena frente al mar en el Beach Club con arroces marineros completa la experiencia.
El domingo puede ser más relajado. Nueve hoyos en el recorrido Verde, más accesible, y un paseo por los miradores del Parque El Camaleón antes de regresar. Es un plan equilibrado entre golf, descanso y entorno.
El campo de Islantilla es accesible para distintos perfiles de jugador, pero ¿qué nivel se adapta mejor a su diseño?
La principal fortaleza del campo es su flexibilidad. Cuenta con veintisiete hoyos divididos en tres recorridos independientes de nueve, lo que permite ajustar la experiencia según el nivel.
El recorrido Azul exige precisión y está pensado para jugadores de hándicap bajo, ya que los lagos y los greenes complejos penalizan los errores. El recorrido Amarillo encaja bien con hándicaps medios, gracias a su diseño variado y a los cambios de ritmo. Por último, el recorrido Verde es sumamente accesible y bondadoso, ideal para principiantes o jugadores de hándicap alto por sus calles muy anchas y orografía plana. Esto asegura que todos puedan disfrutar del deporte a su manera.











