RUTA21 CARNOUSTIE -The Beast-

Carnoustie es mucho más que un campo bañado por el mar del Norte: es un recorrido que ha robado horas de sueño a innumerables jugadores.

Carnoustie The Beast- Ruta 21

Su nombre evoca The Open, finales dramáticos e historia. Carnoustie es mucho más que un campo bañado por el mar del Norte: es un recorrido que ha robado horas de sueño a innumerables jugadores. Apodado por muchos como “la bestia” o “Carnasty”, está considerado el campo más duro de toda la rotación de The Open.

Carnoustie- Club House

Llegar a la casa club de Carnoustie es como viajar en el tiempo y revivir grandes finales del torneo. Al atravesar el hall, nos invita a contemplar algo magnético, inalcanzable, eterno. La Jarra de Clarete recuerda su estrecho vínculo con este lugar. Tenemos la suerte de visitarlo con Ruta21, acompañados por toda una leyenda: Paul Lawrie, que aquí levantó su jarra tras un play off inolvidable, nos guía para recordar aquel Open Británico de 1999.

Paul impresiona en las distancias cortas. No dice frases vacías: cada palabra cuenta y sale del corazón. Su historia es increíble. Se hizo profesional con handicap 5. A los 16 años aún no sabía qué camino seguir; le atraía más el fútbol que el golf. Un profesional le ofreció trabajo en un club, cuidando la tienda y realizando otras labores. Comenzó a entrenar, y pronto ganó un gran torneo: el Moray Seafoods Open en Buckpool. Su primera victoria importante llegó en el Campeonato Escocés de Asistentes de 1990 en Cruden Bay, dos años antes de proclamarse campeón del Campeonato UAP Sub-25.

Carnoustie The Beast

A partir de ahí, su carrera despegó: varias victorias en el DP World Tour, incluyendo dos en España —en Tarragona y en el Club de Campo de Málaga—, de este último guarda un recuerdo especial porque lo organizaba Miguel Ángel Jiménez. Participó en dos Ryder Cup, ambas fuera de casa; en la segunda vivió momentos estelares durante el famoso “Milagro de Medinah” con Chema Olazábal como capitán. Nos contó que nunca había llorado tanto como aquellas noches en Chicago, la primera Ryder sin Seve, con discursos cargados de emoción.

El punto culminante de su carrera llegó con su victoria en el Open Británico (hoy The Open) tras un play off frente a Justin Leonard y Jean Van de Velde. Nos explicó que los torneos se juegan a 72 hoyos y no a 71, y que quienes decían que Van de Velde debería haber ganado no entendían este principio. Lawrie jugó un desempate de libro, cerrando en el 18 con uno de los golpes más recordados en la historia de The Open.

CAMPO Y PUEBLO CARNOUSTIE

¿Y el campo? Quien haya estado allí querrá contarlo; lo habrás visto por televisión o leído sobre Carnoustie, pero hasta que no lo pisas no comprendes su magnitud, su concepto, su esencia. Es una obra de arte. El recorrido bordea el propio pueblo que le da nombre.

Aunque sus primeros trazos datan del siglo XVI, no fue hasta 1850 cuando Alan Robertson lo diseñó, y 20 años más tarde Tom Morris lo amplió a 18 hoyos. Desde que empezó a acoger The Open hasta hoy, el diseño ha sufrido modificaciones; en los años 70 se alcanzó el culmen de su dificultad con los últimos cuatro hoyos para enmarcar.

El Barry Burn cruza estos últimos hoyos: fino y sigiloso, pero siempre presente, haciendo que el cierre de vuelta sea uno de los más complicados del mundo, sobre todo cuando sopla el viento.

Tommy Armour, Henry Cotton, Ben Hogan, Gary Player, Tom Watson, Paul Lawrie, Padraig Harrington y Francesco Molinari: ellos son los elegidos que domaron a la bestia, los afortunados que levantaron la Jarra de Clarete en este green del 18. Carnoustie: belleza y desafío.

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